Cruzando la línea del ecuador
Será posible, no me había fijado pero por Kenia cruza el ecuador. Torpe de mí, hasta que paramos y me fije en el cartel no me había dado cuenta de ello. Pero claro, ver el cartel y pensar que no tiene ningún sello oficial. Podían haber puesto un cartel con otro mensaje y te lo podías creer igual. Así que no hicieron una prueba científica con una botella que tenía un agujero, una palangana y agua. Caminamos 60 metros hemisferio norte y llenamos la botella de agua. El agua caía por el agujero y por la fuerza de coriolis el agua giro en el sentido de las agujas del reloj. Luego fuimos 60 metros hemisferio sur. Volvimos a llenar la botella de agua y esta caía pero ahora el agua giraba en sentido contrario a las agujas del reloj. Hasta aquí todo normal. Lo curioso fue ver como en la franja de terreno donde se supone que pasa el ecuador, hicimos lo mismo. Llenamos de agua la botella y está caía por el agujero, pero no giraba. Resulta desconcertante porque llevas viendo toda la vida como el agua gira, cuando tiras del tapón en la bañera ó en el lavabo. Incluso si estas en el hemisferio sur, si alguien no te avisa, no te das cuenta que el agua gira del revés. La ves girar que es lo normal. ¿Pero que el agua no gire?, fue cuando le di total credibilidad al cartel.





De repente vimos algo de movimiento a lo lejos. Dos leonas que iban juntas atravesando toda la sabana. Lo curioso era ver como el resto de animales se apartaban de su camino y no les perdían de vista. Ellas iban a lo suyo y venían justo por donde estábamos nosotros. Nos dimos cuenta que estaban embarazadas y nos dijeron que solo podían cazar de noche porque en campo abierto perdían toda la velocidad.
Cruzaron el camino delante de nosotros y siguieron hasta perderse en un bosque que había en el otro extremo. Pero a todos nos impacto la seguridad y firmeza con la caminaban. Imponían mucho respeto para ser primera hora de la mañana.
La sorpresa fue estupenda cuando apareció un elefante. Un macho de colmillos enormes. Wilson, inmediatamente nos pidió silencio. Yo creo que hasta él se sorprendió y es que los machos solitarios son de lo más peligrosos. Así, que estuvimos alucinando un rato mientras el elefante nos observaba y creo que evaluaba si éramos una amenaza, para él o su manada que debía estar mas adelante.














