martes, noviembre 04, 2008

Una pequeña aventura

Primero, creo que es justo pedir perdón por introducir este post. No tiene nada que ver con el viaje a Costa Rica, pero sentía el deseo de compartir esta pequeña experiencia. No es más que eso…probablemente para ti no te parezca una aventura espectacular…pero con el tiempo he aprendido que las grandes proezas y cosas espectaculares dependen de la percepción de cada uno. Igual que un niño puede presenciar algo que le parece increíble y para un adulto no lo es. O un simple gesto como lavarse la cara nos parece de lo más normal, y para alguien que sale de la cama de un hospital después de mucho tiempo le da un valor increíble. Y esta pequeña aventura no es más que eso…mi percepción.

Todo comenzó una mañana fría de otoño. El cielo azul, pero era ese aire frío y seco de la mañana que deja la hierba brillante cuando sube un poco el sol y se refleja en la escarcha que se deshace con facilidad dejando el rocío. Salí con mi bicicleta (Lorena) y llevaba meses pensando que tenía que ir allí, ese punto blanco en lo alto de un cerro. Y pensé: -Porque no hoy. No lo tenía programado, pero sí llevaba semanas preparándome para ir. Sabía que tenía que prepararme tanto física como psicológicamente. Físicamente lo estaba, pero llevaba tiempo dudando si psicológicamente estaba preparado para afrontar el reto. Quizás para algunos no sea un gran reto. Pero para mí lo era, y cualquiera que haga deporte en solitario sabrá a lo que me refiero. No es lo mismo afrontar un reto o un objetivo en compañía que estando solo. Porque estando solo, tú mayor enemigo y quien te anima para rendirte y te cuestiones lo que estás haciendo es uno mismo. Y todos sabemos que podemos llegar a ser muy duros con nosotros mismos. Es por eso mi miedo a estar preparado de verdad, mi miedo a decepcionar me a mi mismo. Parece una tontería, ¿verdad?. Lo importante cuando ocurren esas cosas es aceptarlo y volver a intentarlo. Pero no quería fracasar, no quería un segundo intento. Siempre creí que debía tener un mínimo de seguridad, sentirme preparado. Pero como una vez me dijeron, cuando lo estas no sabes porque, pero algo en tu interior tira hacia delante. Y eso es lo que me paso.

Tenía lo fundamental. Un punto de partida, un objetivo o una meta a la vista. Y un camino que conocía por los mapas. Y comencé a recorrer el camino. Los problemas comenzaron pronto y con ello aparecieron las primeras auto-cuestiones de lo que pretendía hacer. En unas rampas intermedias antes de llegar a los pies del cerro se salió la cadena de la bicicleta. ¡Puf!, saca la cadena, coloca la en su sitio, los dedos llenos de grasa, nada para limpiarte, y los dedos helados por el frío. Pero lo peor era ver como grupos de otros ciclistas iban pasando a tu lado. Y tú solo, sin que nadie te ayude, sin que nadie te dé un poco de aliento. -¿Qué hago aquí?, con lo a gusto que podría estar en la cama.

Colocada la cadena, subes en la bicicleta y comienzas a ignorar esos pensamientos, te concentras en tu objetivo. Sigues pedalada tras pedalada, una cuesta, un descenso detrás, otra cuesta y otro descenso. Pero esta vez ocurre lo que no había ocurrido en otras ocasiones. La rueda delantera de la bicicleta se clava en un surco frenándose esta por completo y la señora inercia me lanza por los aires. Un poco de habilidad, y bastante suerte solamente provocan un importante cardenal en el muslo izquierdo y un dolor en el orgullo. -¡Joder!, llevo días sin caerme y hoy me tengo que pegar este trompazo. La bicicleta está bien, toda una campeona Lorena, y continuo. A cada pedalada el dolor me recuerda la estupidez que pretendo hacer tan lejos de casa. Allí solo. Y de lo que podría haber ocurrido si hubiera sido más grave la caída. Y esa voz interior que no para de repetir que me dé la vuelta. Precisamente hoy parece que el universo se ha puesto en mi contra. O será que una cosa es ver el camino en un papel y otra muy distinta es recorrerlo. Bueno, nadie me dijo que fuera a ser fácil.

Pedalada, tras pedalada me coloco frente a las primeras rampas del cerro. Por lo que había visto son unos seis kilómetros de subida. Dolorido, fatigado por todo lo que llevo recorrido, una parte de mi dice:-Venga tío, vuelve a casa y te miras el golpe, ya has llegado hasta aquí que está genial. Y otra parte me dice:- Has llegado hasta aquí, ¿y ahora piensas darte la vuelta?.

Me subo a la bicicleta, juego con los cambios hasta encontrar uno cómodo y comienzo a subir. He dicho subir… bueno subir y sufrir porque el moratón me palpitaba en la pierna hasta que al final las endorfinas y la adrenalina comienza a hacer su efecto. El dolor desaparece, y no piensas en nada mas que en pequeños objetivos. No hay otra cosa, cada curva que hay a la vista es una meta, y después la siguiente y la siguiente. -¡Ostras!, esto no acaba nunca.

Levantas la cabeza para ganar un poco mas de aire, y observas que las vistas van ganando en belleza detrás de cada curva porque vas ganando altura. Ves algunas fuentes de manantial y una parte de ti piensa en parar…-¡una leche!, como me frene no vuelvo a coger el ritmo. Sigues y sigues. Subes y subes. Debe ser cosa de la fatiga, o el cansancio pero parece que tienes una mayor percepción de lo que ocurre a tu alrededor. Lo puedes observar todo, escuchas más nítidamente cualquier sonido del bosque, y hasta percibes más fuerte el olor de los pinos y el romero.

Oigo algo detrás de mi. -¡Joder!, llevo subiendo ni se sabe el tiempo, voy destrozado y me adelantan dos tíos que parece que tienen un cohete en el culo. -¿Pero que comen?. Esto me deprime un poco. No importa, tu reto no es ganarles a ellos. Tu reto es tuyo y por el momento más que suficiente. Oigo, otro ruido…espera…-¡Joder!, si me van atropellar. Otros que me adelantan y se permiten el lujo de decirme: Buenos días. Yo le respondo con un ruido gutural en mi intento de ser educado y corresponder al saludo. Para mí, esto es el colmo y además la inclinación de la rampa aumenta y me quedo clavado. Pongo un pie en el suelo, abro la boca buscando aire y mi corazón lo noto bombeando sin necesidad alguna de ponerme una mano en el pecho. Siento como me palpitan las piernas por la dilatación de las arterias y las venas. Por un momento, pienso en sentarme. Pero por otro me doy cuenta que me siento a mí mismo y me digo: -¡No, joder, ahora no te puedes parar! Y sin saber de qué forma, o de donde saque las fuerzas, me puse a empujar la bicicleta y a seguir subiendo esa rampa infernal. En mitad de la rampa llegaron otros ciclistas detrás de mí, estaban más frescos que yo pero se quedaron clavados también en la rampa. Y se bajaron para empujar sus bicicletas. Obviamente me adelantaron pero ese gesto me subió la moral. Pensé que me estaba rajando al bajar de la bicicleta y era lo mismo que hacían otros con más fuerzas que yo. Salvada la rampa volví a subir en la bicicleta y algo me decía que faltaba poco para llegar.
Después de la crisis, el cansancio desapareció. Solo había un pensamiento y era llegar arriba. Ese era el único pensamiento que me movía, una pedalada tras otra. Y a cada pedalada me decía: -una menos, una menos, una menos. Tanto fue el empuje que adquirí que me acorde de mi etapa de deportista, cuando un entrenador que tuve, me decía que siempre daba lo mejor de mi cuando todo el mundo ya lo había dado. Aquí no había nadie, estaba yo solo, pero todavía tenía energía y la clave estaba en mi cabeza, en mi mismo.

Oí un ruido detrás de mí y ya sabía lo que iba a pasar, pero esta vez fue distinto porque me enganche a su ritmo. De esas cosas que no sabes explicar, pero el último medio kilometro fui siguiendo la rueda de estos chicos. Cuando estaba más abajo y con menos kilómetros en las piernas me fue imposible. Y ahora estaba siguiendo la rueda. Confieso que tampoco lo pensé, solamente me limite a seguir.

Y así llegamos a la cima. Llegue a mi objetivo, a mi meta. Al lugar que hacía dos horas y media había visto y me había propuesto ver de cerca. Me pareció medio día de ruta. Y allí estaba el edificio renovado en estación meteorológica, o lo que me parecía, a lo que antes fue un antiguo telégrafo. Al Norte y al Oeste se veía todo el perfil de la Sierra de Madrid: Navacerrada, Siete Picos, el Valle de los Caidos, El Escorial, Cercedilla, etc. Y al Sur se podía contemplar Collado Villalba, Galapagar, Alpedrete, El embalse de Valmayor, etc. El cielo azul, el sol brillando, y con todas esas vistas a tus pies.


Estaba feliz por lo que conseguí, porque me vencí a mi mismo, porque subí solo, sin más ayuda que la mía. No es que fuera nada extraordinario el subir allí, porque había un montón de ciclistas que subieron con mayor facilidad que yo. Pero para mi, fue genial.

Me senté a disfrutar del paisaje mientras descansaba. Y me di cuenta que estar allí era parte del camino. La verdadera meta era demostrarme que puedo hacerme frente a mí mismo, a mis miedos, a mis preocupaciones, a mis dudas. No quiero decir que no se necesite de los demás, por supuesto que todos necesitamos de la familia y de los amigos. Pero hay determinadas circunstancias que uno debe afrontar solo, porque muchos de nuestros miedos, dudas y preocupaciones vienen del interior de nosotros mismos:-¿seré capaz de hacerlo?, -¿estaré preparado para ello?, -¿y si lo hago mal? Esas preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Y que hemos buscado el apoyo y el ánimo de los demás esperando un empujón para ponernos en marcha, cuando los primeros que tenemos que tirar del carro somos nosotros mismos. Y si nos empujan…mejor…pero nosotros debemos ser el motor que tire de nuestras vidas.
Demasiado filosófico, ¿no?, y se conoce que ya me estaba empezando a relajar porque el muslo me volvía a molestar. Me levante desde mi pódium particular y recordé una frase que escuche en algún sitio, pero que venía genial y doy fe de ella por otras facetas de mi vida que algunos amigos conocen: -No hay mayor satisfacción que la personal, ni mayor trofeo que la superación a uno mismo.
Visita y comenta en “Los viajes de Jota”.

8 comentarios:

Jota dijo...

javier.- Me alegro que te haya gustado. Era eso, simplemente me apetecia contarlo. ;-) Un abrazo

Kt. dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Kt. dijo...

.

Mi niño.
¿Que te puedo decir? Si es que lo has dicho todo... los miedos siempre van a estar, aunque hoy los venzas mañana vendrán otros, pero son esa línea que dividen la cobardía de la valentía y me atrevo a decir que son los que le ponen sazón a nuestras vidas.
Si nunca siento miedo de tomar una decisión, nunca tendré nada a que superar, siempre estaré en el mismo nivel, ni más, ni menos.
Coincido contigo en que la importancia de ciertas cosas, tiene un valor único y personal. Hiciste bien en ir solo, disfrutaste en cada arteria y latido el alcance de tu propio reto, y que por ser tuyo, merecías vivirlo a solas.

Un beso grande, que orgullosa estoy de ti, y no por subir el cerro, sino por llegar a tu propia cima.

TE QUIERO MUCHO Jotita

Jota dijo...

kt.- Me alegro que te haya gustado. Me tienes calado, ja, ja.
Un besazo corazón.

ESTHER dijo...

Me reafirmo una vez mas que deberias ser escritor.... La vida que llevamos, la rutina en casa, el trabajo.. hace que nos introduzcamos en una espiral que la mayoria de las veces no nos deja ver lo importante... lo que es de verdad.. gracias por tu "relato" porque me has ayudado a parar esa espiral y pensar que las trabas o las zancadillas para seguir adelente muchas veces nos las ponemos nosotros solitos.. un besazo.

Kt. dijo...

.

Sentí la necesidad de volver... ahora estoy yo en una indecisión que mejor lo hablamos un día de estos que tengamos tiempo....
Cómo me hace falta oír un buen consejo!!

Besitos Jotita!!!

Javier dijo...

Vaya!
Llevaba unas semanas que de vez en cuando me leía una de tus actualizaciones.La verdad uno se siente pequeño cuando esta en todos esos lugares.Me mola la filosofía que practicas.

Suerte en todo Jota.Por cierto espero que no te importe que te agregue en favoritos.Ya hablaremos.

Un saludo.Y suerte.

Jota dijo...

esther.- me alegro mucho que te haya podido ayudar el relato a reflexionar. Genial, ;-)
Un besazo.

Kt.- Indecisión, ¿tú?, nada, nada, ya sabes por donde podemos hablar, ;-)
Un beso guapa

javier.- Para nada que me molesta, todo lo contrario. Y te agradezco que me lo hagas sabes porque esas cosas animan a seguir contando mis viajes. Bienvenido.