El Cristo de la Vega
Entre viaje y viaje un día cualquiera nos acercamos a pasar un día a Toledo. Aunque he estado muchas veces, Toledo siempre me ha parecido una buena opción para pasar un día. Pero este día mi mujer me sorprendió, quería que fuésemos a visitar una pequeña ermita. Yo no había oído hablar de ella pero en cuanto me contó la historia no me pude resistir. Tenía que verlo.
Todo comienza así:
Cuenta la leyenda, que hubo una pareja de enamorados, Diego e Inés, que siempre se reunían en las afueras de la ermita del Cristo de la Vega. Paseos, besos, todo tiempo era corto para estar juntos. Pero un día Diego llevaba una mala noticia, el ejercito le reclamo y debía servir en los tercios de Flandes. Inés se quería morir, su amado se marchaba y no sabía si volvería a verle, ó moriría en el frente. Entonces Diego cogió de la mano a Inés y entraron en la ermita. Subieron al altar. Y para tratar de consolar a Inés, Diego se arrodillo y le pidió al cristo que le protegiera y le hiciera volver entero a Toledo, porque tan rápido como regresará, juro que se casaría con Inés. Entonces Inés, para corresponder juro esperarle, por mucho tiempo que pasará.
Diego se marcho y pasaron los meses, pasaron dos años y la guerra en Flandes había terminado, pero seguía sin noticias de Diego. Incluso, rechazo apuestos pretendientes haciendo caso a su promesa de esperar a Diego. Había perdido toda esperanza de volver a encontrarse con Diego cuando desde lo alto de un mirador se acercaba a la muralla una guarnición de soldados. Se acerco a la plaza como tantas veces con la esperanza de encontrar a Diego, y está vez sí. Allí estaba a la cabeza del grupo de soldados. El corazón de Inés no cabía en su pecho de la alegría, apartando al gentío trato de acercase a Diego, pero cuando este la reconoció espoleo su caballo y se perdió entre las calles. ¿Qué ha pasado?, ¿por qué ha huido de mí?, se preguntaba Inés.
Diego había cambiado, el orgullo lo había transformado. Sus hazañas en el frente como soldado le otorgaron el rango de capitán, hasta el punto que llegaron a los oídos del rey que le nombró caballero tomando lo a su servicio. Inés se acerco en varias ocasiones a Diego para hablar con él. Pero él negaba su promesa de matrimonio delante de todos. Inés intento que entrara en razón hablando, rogando y suplicando, pero no hacia mas que recibir una humillación tras otra.
Inés se convirtió en el centro de atención, comentarios y chismes sobre ella en todo Toledo. Desprecio a otros pretendientes y ahora se había encaprichado del caballero del rey, y no hacia mas que acosarle inventando un juramento. Eran los comentarios de la gente.
Inés, no tuvo otra salida que denunciar su situación delante del Gobernador para defender su honor. El Gobernador reunió a la pareja, escucho a Inés y escucho a Diego negar todas las afirmaciones de Inés. Era la palabra de uno contra la del otro y el Gobernador no podía tomar partido. Pero antes de acabar, Inés afirmo tener un testigo, cuando lo menciono el silencio se hizo en la sala. Pero la firmeza de Inés fue tan rotunda que el Gobernador decidió tomarla en serio. Así que todos, marcharon a la ermita del cristo de la vega para tomar declaración a la figura del cristo. La noticia corrió en todo Toledo y muchos curiosos se acercaron.
Una vez dentro de la ermita, se rezo primero, y el gobernador leyó las acusaciones contra Diego para después formular la siguiente pregunta a la figura del Cristo: - Juraís que a vuestros pies, un día, Diego juro casarse con Inés.
Hubo unos segundos de silencio, seguidos por una exclamación general. El cristo desclavo su mano derecha, la puso sobre la Biblia y dijo: - Si, juro.
Tras recuperar su honor, Inés libró a Diego de su juramento y marcho de Toledo con la cabeza bien alta. Nadie supo mas de ella. Diego dejo la carrera militar, la vergüenza se hizo insoportable. Cuentan que entro en un monasterio y nunca mas se supo de él.
El Cristo de la Vega, sin embargo, dejo su mano derecha desclavada para que el pueblo recordara lo serio que es cumplir los juramentos.
No dejes de visitar “Los viajes de Jota”.

Pero si queda, el lugar, intacto desde hace cientos de años. Esos lugares donde los primeros colonos españoles decidieron no entrar y los siguientes ejércitos sufrieron su adversidad. Es una gran extensión de terreno cubierto de agua, barro, y matorrales. Toda una llanura de donde se nutre de agua potable la ciudad de Miami. Y otorga un horizonte digno de ver.














