sábado, diciembre 27, 2008

Playa Conchal

Todo viaje que comienza debe concluir. Así llegamos a nuestro último punto de destino. La costa del océano Pacífico, un lugar donde descansar del viaje, de emociones y disfrutar del sol y playa. El lugar elegido fue un magnífico hotel situado en una de las playas más espectaculares que he visto, playa conchal.

Una playa de arenas blancas. Y esa fue una de mis sorpresas porque la mayoría de las playas tienen el color de la arena un poco más oscura debido al origen volcánico de la zona. Pero aquí, la arena está formada por pequeños trozos de conchas del mismo tamaño de granos de arena. Una playa blanca, exuberante de vegetación y tranquila de gente. Nunca entenderé porque la gente prefería estar en las tumbonas de la piscina del hotel, en lugar de tumbarse en aquella arena y disfrutar. Cómo no fuera por las copas, ja, ja. Pero en el fondo me alegré muchísimo de poder disfrutar de esa paz y tranquilidad.


Por las tardes había que degustar la variedad de cocteles y la tranquilidad que aporta tener las costumbres españolas. Imagino que nos ha pasado a todos los españoles cuando viajamos al Caribe. El resto de turistas desaparecen a partir de las 16:30 para ducharse y vestirse para cenar a partir de las 18h. Y todos los españoles seguimos allí. Es el mejor momento en la piscina, cuando el sol ya ha bajado, el agua mantiene su calor y se puede disfrutar de esa copa en agradable compañía sin el ruido de la gente. Snif, snif, me estoy estresando.


Bueno, lo ideal para acabar el día era volver a la playa... y disfrutar del atardecer en el mar. Pero de verdad, observar cómo cambia el color del océano y adquiere ese tono verde en el horizonte mientras el sol cae y se oculta tras esa línea que separa el cielo del mar. Y tú mientras tanto dentro del agua dejándote llevar por las olas. ¿Cuántas veces has disfrutado de un atardecer así?.
No se puede evitar, son de esos atardeceres que te hechizan. Sales del agua, te envuelves en la toalla y te sientas un momento en esa arena blanca de conchas a observar cómo cambia de tonos el horizonte, y la noche va reclamando su terreno.

Y así termino mi viaje a Costa Rica. Un viaje cuyo primer saludo sorprende cuando llegas y que acabas entendiendo llevándotelo en el corazón cuando te vas:- ¡¡Pura Vida!!.

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miércoles, diciembre 24, 2008

Feliz Navidad

Mis mejores deseos de paz, felicidad y prosperidad para todos los visitantes de este humilde blog.


Jota.

martes, diciembre 09, 2008

Las Cascadas …rincones del planeta.

Comenzó el día soleado y teníamos distintas alternativas y escogimos una diferente. Una ruta por los bosques en cuadriciclo ( o quads). Para mi mujer era su primera vez y fue asombrosa la facilidad que tiene para adaptarse a los vehículos a motor. Así que comenzamos un recorrido sencillo y el encanto fue estar los dos solos con la única compañía del guía.

Después de subir unos montes y observar las caras del ganado a nuestro paso, entramos en un camino más estrecho y donde el bosque se hacía más frondoso. El camino era más abrupto y aunque se me paso por la cabeza el sacar unas fotos preferí resguardar la integridad de la cámara, y mantener mi concentración en el camino. Al final llegamos a un pequeño claro donde dejamos los vehículos porque el resto del camino lo haríamos andando.

Seguíamos un sendero muy estrecho y cruzábamos pequeños arroyos. Al ser tres personas era mas fácil mantener el silencio de la marcha y se podían escuchar muchos más pájaros que no se espantaban a nuestro paso. El sendero cada vez se observaba con mayor dificultad y parecía que cruzábamos el bosque sin rumbo ninguno. Y entonces fue cuando comenzamos a escuchar un leve rugido a lo lejos. Encontramos un arroyo y seguimos su curso. El rugido iba en aumento y al final detrás de unas ramas que tuvimos que apartar nos encontramos con una bellísima cascada. Que puedo decir, espero que las fotos hablen por si solas, pero el sitio era genial. El constante ruido del agua, ese aire fresco de la humedad del ambiente y el verde que lo rodeaba todo era fantástico. Y lo mejor es que estábamos solos en ese pequeño rincón del planeta,…quien no lo ha deseado alguna vez. Tú con quien tú quieras.

No podía resistirme por la curiosidad y le pregunte al guía si la cascada tenia nombre. Y me dijo: - Si, La Escondida. Y no me extraña, ese nombre era fiel a la sensación que daba estar allí.

Nos pusimos en movimiento y como el guía vio que disfrutamos mucho decidió que había tiempo para ir a otro sitio. No nos dijo hacia dónde íbamos pero después de volver por nuestros pasos y seguir un sendero diferente, subimos unas cuestas y me dio la impresión de que estábamos bordeando el monte. Y al final, volví a reconocer ese característico rugir a lo lejos. Ya está, otra cascada. Igual que antes, el camino se hizo menos reconocible y a los pocos metros apareció.

Esta cascada era más alta y con más rocas a la vista llenas de verde por la humedad. Pero tenía una particularidad y es que el agua brotaba de las rocas, era una cascada de manantial. Me pareció precioso el lugar, y le pregunte al guía por el nombre de esta cascada. Y me dijo: - El misterio. ¡Jo!, que nombre tan chulo para una cascada que brota del mismo muro.

Aquí no pude aguantar y aunque no iba muy preparado decidí que tenía que entrar debajo de la cascada y sentir todo esa agua cayendo lo más cerca posible. Uno no está todos los días en estos rincones del planeta, así que decidí disfrutarlo a tope. Imagina el momento …caminar hasta ponerse justo enfrente de la caída de la cascada, sentir ese agua como te recorre el cuerpo mientras abres los brazos mirando hacia arriba, cierras los ojos y notas esa humedad en la cara, en los labios, en los parpados. Y entonces es cuando te vienen a la cabeza esas palabras que dicen tanto por aquí: - ¡Pura Vida!.

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