lunes, enero 04, 2010

El viaje de Los Tres Magos

Hablando de viajes, cuenta la leyenda que era una mañana tranquila. Samuel tenía once años, el mayor de tres hermanos y era el primero que se despertaba cada mañana para ayudar a su padre. Pero jamás hubiera imaginado que sus acciones, dentro de la sencillez de un niño, traerían una cantidad inimaginable de consecuencias para miles y miles de personas.

Aún era de noche cuando Samuel tenía que cumplir con una serie de tareas, como cada día. Su casa era humilde y guardaban un pequeño rebaño de cabras que era el principal sustento de la familia. La leche la vendían a los vecinos y con el sobrante hacían quesos con los que ganar un dinero extra. Siempre pasaban viajeros pues el pueblo estaba muy bien situado junto a un pozo entre la ruta de Babilonia y Damasco. Mientras su padre comenzaba a ordeñar las cabras Samuel marcho al pozo para llenar de agua unas vasijas y así cambiar el agua al ganado. La noche estaba muy tranquila y cuando estaba junto al pozo escucho un ruido, al momento vio unas sombras que poco a poco se hacían más grandes. Parecía una pequeña caravana de camellos. Si, así era. Nueve camellos vestidos con telas y adornos vistosos. Entre los nueve hombres destacaba uno por la barba blanca y los adornos sobrecargados de su túnica.


Samuel termino de llenar las vasijas y regreso a casa. Su padre le pidió que volviera al pozo a por más agua y así lo hizo. Cuando llego al pozo había dieciocho camellos y más gente. Mientras esperaba a que unos hombres terminaran de sacar agua volvió a observar al anterior hombre extraño de barba blanca. Estaba hablando con otro hombre de barba castaña y que al igual que el otro, también vestía una túnica sobrecargada de adornos. Imagino que sería quien comandaba la segunda caravana. Los dos hombres parecía que hablaban de negocios, o cosas sin importancia. Algo era seguro, se conocían de antes y eran personas importantes entre su gente por el trato que recibían. Llego el turno de Samuel y se dispuso a sacar agua del pozo cuando escuchó otro ruido que venía de la oscuridad del camino. Otra caravana se acercaba. Esto sí que era extraño, pocas veces coincidían tres caravanas a la vez. Pero estos señores debían venir de otra región más lejana porque su piel era oscura. Había oído a su padre contar que alguna vez los había visto, personas de piel tan oscura como la noche, pero jamás le creí. Samuel se quedo parado observando cómo entre la gente de la nueva caravana descendía de un camello, otro hombre ataviado de finos ropajes que destacaba de los demás y se dirigía hacia donde estaban los otros dos. Hubo saludos y risas. Daba la sensación de que se conocieran y llevaran tiempo sin verse.

De repente se acercaron los tres al pozo, estaban hablando de ir juntos a Damasco y de lo puntuales que habían sido en llegar la misma noche. El señor de barba blanca se dirigió a Samuel y le dijo:- buenas noches, serías tan amable de ofrecernos un poco de esa agua que ya has sacado del pozo. Estamos sedientos.

Samuel tardo un poco en reaccionar pero cogió un cazo y se lo ofreció con el agua fresca. Mientras bebían no pudo contener la curiosidad y les pregunto a los tres: -¿Quiénes son?, se ven muchos comerciantes pero pocas veces con sus ropajes y a estas horas de la noche.

Se miraron entre ellos y se rieron, dando como algo natural la curiosidad del niño. Con amabilidad y cortesía el señor de barba blanca le respondió: - Somos amigos, estudiamos juntos ciencias en Babilonia. Somos sabios y comerciantes. Y nos hemos coordinado para volver a vernos después de muchos años. Por cierto, el agua de este pozo está muy fresca. Gracias.

Samuel comentó: -Sabios!!!, o sea unos Magos que saben de todo. Los tres señores volvieron a reír y el hombre de piel oscura comentó:- Bueno, algo así. Cómo agradecimiento por el agua podemos responder a cualquier pregunta, o satisfacer cualquier curiosidad que tengas.

Samuel se quedo un poco perplejo. Era un niño y como todos los niños tenia curiosidad por conocer y saber cómo funcionan las cosas. Pero se quedo en blanco, no sabía que preguntar, no tenía nada preparado. Resoplo un poco cohibido por la presencia de aquellos tres señores tan bien vestidos. Mientras la noche se marchaba, Samuel miro al horizonte y se quedo pensando mientras observaba como el alba adquiría protagonismo aunque faltaba un rato hasta que saliera el sol. Y en ese momento le vino una curiosidad que llevaba días observando. Se estiro para adquirir porte y seguridad cuando les formulo la pregunta:-¿Porqué lleva aquella estrella moviéndose varias noches de forma diferente a las demás?.


Los tres hombres se giraron y miraron a la estrella. Los tres observaban y ninguno dijo nada. Se juntaron y comentaron algo que Samuel no llego a percibir, pero daba la sensación de que no estaban de acuerdo. A la afirmación de cada uno, los otros dos se la refutaban de forma convincente. Al final se giraron a Samuel y humildemente el señor de barba blanca le dijo:-Felicidades, ninguno de los tres sabemos la respuesta. Pero lo más inquietante es que ninguno conoce esa estrella, ni la ha visto antes. Te has ganado un premio por tu pregunta tan acertada, solicita lo que quieras y te lo daremos.

Samuel se quedo decepcionado y sorprendido a la vez. No tuvo respuesta pero tampoco necesitaba nada en especial que pudiera pedirles a aquellos señores. Tenía una vida sencilla, sin grandes lujos pero tampoco le faltaba nada de lo básico. Se quedo pensando y les respondió:-Quiero que averigüen a donde se dirige aquella estrella.


Los tres señores se miraron e intercambiaron algunas palabras que Samuel no llego a entender. Se giraron hacia él y los tres asintieron poniendo sus manos en los hombros de Samuel. Después volvieron a sus camellos, dijeron unas palabras a sus hombres que no entendió, y se despidieron lanzando una sonrisa e inclinando la cabeza para tocándose la frente con la mano. La dirección que tomaron era hacia aquella extraña estrella que Samuel observo hacia unas noches. Samuel regreso con el agua a casa y su padre le recrimino lo mucho que había tardado. Entonces le conto a su padre el encuentro con los tres extraños señores y que al final sin entender las razones tomaron la dirección de la estrella en lugar de dirigirse a Damasco. Su padre sonrió y le señalo el tazón de leche para que desayunara con gesto de no creerle.

El resto del viaje de aquellos señores, creo que lo conoces. Lo curioso, es que Samuel nunca supo hacia donde los mandaba. Ni aquellos tres Magos eran conscientes de donde terminaría su viaje, ni la tradición que comenzaron a crear. ¡¡¡FELICES REYES!!!

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