Siempre el mismo problema…por dónde empezar. Después de mucho pensar siempre llego a la misma conclusión: -por el principio. Así que después de desearlo durante muchos años, el destino todavía me reservo la sorpresa de vivir el cierre momentáneo del aeropuerto de Barajas por causas meteorológicas. Hacia 20 años que no ocurría una circunstancia similar y me tenía que tocar a mí, je, je.
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Toda una experiencia que no recomiendo a nadie, pero dentro de las horas de retraso me sentí afortunado ya que fuimos de los primeros vuelos en despegar cuando se abrió de nuevo el aeropuerto. Pero otro contratiempo se interpuso en mi camino, llevaba un uniforme azul de inmigración de los Estados Unidos. Pues nada, que por no sé qué motivos tuve que esperar sentado en una agradable sala a que comprobaran con más detalle mi pasaporte. La verdad es que cuando las cosas se tuercen, se tuercen todas.
Pero como la vida misma… la mala suerte no dura siempre. Y cuando salimos del aeropuerto camino de nuestro hotel en Manhattan comencé a emocionarme viendo a lo lejos las luces de los rascacielos. Algo dentro de mí me decía que mi suerte comenzaría a cambiar. Entramos a New York por el túnel de Lincoln bajo el río Hudson, no es que sea algo alucinante pero me encanto la idea de salir y pensar que ya estaba en el lugar donde tanto tiempo llevaba deseando.
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Mientras circulábamos por las calles el cansancio había desaparecido y ya estaba deseando que se hiciera de día y poder disfrutar plenamente de mi viaje. Llegamos al hotel y nos dieron la habitación, planta 17. Esto de estar tan arriba sí que mola. No quise mirar por la ventana, era ya muy tarde y el cansancio volvió de forma salvaje. Dormiría genial porque ya estaba donde quería estar. Y dormí como un vendito. Solo faltaba una cosa y me desperté pensando en ello… y era sobre la vista que tendríamos desde la habitación. Tenía un poquito de miedo de pensar que pudiera tener un bloque de edificios a escasos metros, sin opción a tener una vista curiosa de New York. Total, la habitación es para dormir. Aún no había salido el sol, pero no me pude resistir a esperar más. Y al ver allí delante el Edificio Chrysler con sus luces me quede parado. –¡¡¡Que pasada!!! . Supe en ese momento que esa ciudad me iba a enganchar de verdad.
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